Creer en hacer posibles los sueños también es libertad

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Hace poco recordaba cuando era niña y soñaba con algo, con lo que fuera. Una vez soñé con ser mamá de octillizos y claramente 8 bebés fueron mi regalo de navidad (obviamente el sueño de ser madre se desvaneció al poco tiempo). Soñaba con que de grande iba a ser diseñadora de modas, veterinaria o maestra, iba a viajar por todo el mundo, sería millonaria y tendría un departamento que incluía una tienda de ropa y un bar, incluso iría al cielo y de alguna manera caminaría por las nubes y volvería a bajar.

Cuando recordé todo eso, entendí que de niña era libre, tenía la libertad de soñar, pero sobre todo, LA LIBERTAD DE CREER Y PENSAR QUE CUALQUIER SUEÑO ERA  POSIBLE. Esto también es libertad, una que de adultos hemos dejado de tener.

Y seguramente de niños debíamos pedir permiso a nuestros padres para todo lo que hiciéramos, no podíamos actuar de cierta manera sin contar con la aprobación de un adulto, no éramos libres de hacer lo que quisiéramos, pero éramos libres de creer en lo que quisiéramos y creer en algo es estar más cerca de lograrlo.

Hoy cuando sueño con algo, un montón de barreras mentales me impiden creer que sea posible, barreras económicas, sociales, culturales, modelos impuestos con los que crecimos, posturas de personas que nos influyen, momentos políticos en los que vivo, país, lenguaje, en fin, barreras que hacen que no tenga la libertad de imaginar ese sueño como algo que se puede hacer real, porque inmediatamente mi mente lanza  algún impedimento, como un dardo que da en el blanco, haciéndolo un completo imposible.

La “realidad” nos ha quitado la libertad de imaginar que ese sueño, más que un pensamiento efímero, es un plan posible, uno que seguramente necesitará de muchas etapas y sobre todo, movilización/acción, pero al fin y al cabo, posible.

Y seguramente, esto no es lo único que nos ha quitado la libertad, es difícil creer que en un mundo globalizado, invadido por publicidad y estereotipos, medios de comunicación engañosos, ideologías convertidas en propaganda política, religiones contradictorias y un sinfín de incoherencias de este “mundo actual”, podamos hablar de tener un pensamiento realmente libre. Pero este es otro tema.

Volviendo, supongo, o quiero creer, que las personas más felices en el mundo son las que nunca dejaron de soñar, las que los  persiguen y que aunque se ponga difícil igual lo creen posible, tanto, que lo logran.

Volvamos a ser niños, volvamos a soñar, a creer, a darle poder a nuestra mente y la libertad de creer que todo es posible y que muchas de las barreras, son más fuertes en nuestra cabeza que en la realidad. Volvamos a ser libres.

Por: Juliana Zapata